27 de mayo de 2024

Dominic Ramiro Prieto tiene 4 años, es el séptimo hijo varón de una familia cipoleña, y está semana recibió el certificado para ser el ahijado del primer mandatario. El padrinazgo presidencial es un decreto que se estableció en el año 1973, mediante el cual el séptimo hijo del mismo sexo de una madre será beneficiado de por vida con una beca de estudio y además recibirá una medalla de oro firmada por el Jefe de Estado y con su nombre. 

Según el mito popular, el séptimo hijo varón de cada familia se convierte en Lobizón los viernes por la noche, pero, por el momento, a Dominic parece preocuparle más el primer año del jardín, el cual inició hace algunas semanas. Al respecto, su padre, Jorge Priete explicó que «por motivos de protocolo durante la pandemia, todo el trámite se atrasó y recibimos todo por correo» y se mostró contento por el beneficio que recibió Dominic: «Nuestro hijo empezó jardincito este año y mientras estudie en cualquier nivel, le corresponde una beca de por vida», indicó.

La familia de Dominic está compuesta por 10 hermanos, junto  a sus padres Jorge y Lucenia, quienes viven en el barrio Landi de Cipolletti. Según explica la norma, el beneficio escolar está destinado «para las personas que hayan sido apadrinadas por el Poder Ejecutivo Nacional (séptimo hijo o hija del mismo sexo), sin límite de edad y que estén cursando sus estudios en algún establecimiento educativo oficial (estatal o privado) de cualquiera de los niveles del sistema educativo nacional».

En el Ministerio de Educación de la Nación, se encuentra el formulario para inscribirse por primera vez o para renovar la beca en caso de cumplir con los requisitos.

Una tradición con orígenes difusos 
El padrinazgo presidencial del séptimo hijo varón es una tradición cuyos orígenes en el país se discuten, pero los antecedentes más remotos la ubican en España, donde se otorgaban condiciones de «hidalgo» al padre de siete hijos varones. Pero, por otro lado hay quienes aseguran que la costumbre nacional se inició con los presidentes Manuel Quintana y José Figueroa Alcorta, durante la primera década de 1900.

En ese sentido, también existe otra versión que atribuye la paternalidad de la idea a Juan Manuel de Rosas, quien aceptó el padrinazgo de hijos de negros por su situación socioeconómica vulnerable. Al fin y al cabo, también se afirma que la tradición surgió como forma de ahuyentar la inquietante leyenda de que el séptimo hijo varón se convierte en lobizón los viernes a la noche, muy arraigada en la cultura del campo. Finalmente, en 1973 fue decretado bajo la Ley 20.843.

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