Néstor Tkaczek se despidió de las aulas universitarias como profesor de Literatura Española

Este hombre nacido en la localidad de San Pedro del Atuel en la provincia de Mendoza, explica que cuando cursaba el cuarto año de la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional de Cuyo lo convocaron para cubrir una suplencia en una escuela de Tres Porteñas, un pequeño pueblo ubicado entre las viñas a 60 kilómetros de la ciudad de Mendoza, donde vivía con su familia. A pesar que le faltaba un poco más de un año para recibirse, aceptó la propuesta de reemplazar por tres meses a la profesora de Literatura que estaba embarazada. Los tres meses se convirtieron en cinco años. Viajaba todos los días 120 kilómetros para dar clases sobre lo que le apasionaba desde muy joven. Lo que no sabía aquel joven “profesor” era que la escuela no tenía edificio por lo tanto las clases se dictaban en las instalaciones del Club Social, Cultural y Deportivo Tres Porteñas. “La escuela eramos los docentes y los alumnos. Las aulas eran las distintas dependencias del club. El club nos había reservado las últimas mesas que daban a la entrada y habíamos puesto un pizarrón en el costado. Mi aula la compartía con la cantina donde los alumnos se mezclaban con los parroquianos que tomaban algo acodados en el mostrador”, describe entre risas.

Recuerda aquellos momentos en que los estudiantes y también algunos parroquianos que jugaban al truco en silencio escuchaban las explicaciones que daba sobre los cuentos y poemas de Jorge Luis Borges. “Ahí estaban esos hombres que tomaban su vino y jugaban al truco que me escuchaban hablar de literatura. No me lo olvido más. Espero que hayan aprendido algo de Borges”, expresa.

Luego de recibirse de profesor y licenciado en Letras en el verano de 1989, había terminado el año anterior pero una huelga de la Conadu que se extendió por varios meses lo obligó a tener que postergar los últimos exámenes, le ofrecieron trabajar como profesor de Lengua en dos escuelas de Catriel, Río Negro; en 1994 se desempeñó en el Instituto de Formación Docente de esa localidad y por más de veinticinco años en el Colegio Secundario José Alfageme en 25 de Mayo, La Pampa, donde se jubiló de director.

Su vinculo con la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), donde el pasado jueves brindó su última clase, se inició por su tarea como tutor de una carrera a distancia del Centro Universitario Regional Zona Atlántica (CURZA) de Viedma y por haber realizado diversos cursos de posgrados en la Facultad de Humanidades en Neuquén. A instancias de Gloria Siracusa, docente de Letras, egresada de la última generación de la Universidad Porvincial de Neuquén, antes que se convirtiera en Nacional, y titular de la cátedra de Literatura Española, Néstor concursó para ingresar a la universidad. “En 2005 se produce una vacante en la facultad, Gloria Siracusa me llama, concursé y empecé a dar Literatura Española”, resume sobre su ingreso al plantel docente en las materias Literatura Española I y II.

“Siempre había querido dar clases en la universidad. De alguna manera entré siendo grande, a los 42 años. Mi carrera universitaria fue muy rara en ese sentido y podría decir que corta”, confiesa. Y agradece el apoyo y facilidades que le otorgaron las autoridades de la facultad ya que todas las semanas durante todos estos años Néstor viajaba los 266 kilómetros, entre ida y vuelta, que separan la localidad de Catriel con Neuquén. “Estaré por siempre agradecido a las autoridades de la facultad por haberme acomodado los horarios, concentrado los días y horas de clase. Yo viajaba de Catriel para dar clases los jueves y viernes. Además he tenido una muy buena relación con colegas y estudiantes. Todos estos años en la universidad han sido fantásticos”.

En 2018 decidió presentar su renuncia a la universidad sin goce de haberes pero con la idea de volver en algún momento y en marzo de este año se jubiló. El regreso a las aulas universitarias nunca se concretó porque “consideré que era el momento de dejar, de darle paso a los profesores más jóvenes además ya estaba cansado de viajar en la ruta”.

“A lo largo de todos estos años como docente me he caracterizado en hacer foco en los textos después podemos leer toda la crítica literaria sobre los mismos”, explica. Se define, no como un experto en teoría o crítica literaria, «lo mío ha sido desde siempre la transmisión de lecturas, tratar de darle al estudiante una lectura personal de los textos y ponerlo en discusión en el sentido de compartir los diversos puntos de vista sean concurrentes o divergentes”.

Confiesa que el hecho de haber dado clases en escuelas secundarias le permitió llevar un cierto dinamismo para llevar adelante la clase que requieren los estudiantes “para que no se duerman a los quince minutos o te tiren por la ventana” a las aulas universitarias. “Nunca mis clases fueron netamente teóricas, siempre fueron teóricas-prácticas. Puede contar ciertos aspectos de la vida de un autor porque eso me va a servir para explicar algo que me llamó la atención en sus textos”, describe.

Además de su labor docente, Néstor es autor de numerosos artículos académicos y libros como «Teatro y Literatura», «Nuevas escrituras europeas», «El teatro y sus fronteras. Nuevas escrituras teatrales en diálogo», «Teatro, nuevo siglo y tradición», «La dramaturgia de Neuquén en la memoria», «La tercera orilla, sobre literaturas migrantes», entre otros. Es autor, además, de «Escritos en la frontera», libro que reúne una selección de las columnas que desde octubre de 2001 hasta 2006 publicó semanalmente en el diario Río Negro y participó de «Fuerte al medio», un libro de relatos, historias y crónicas futboleras escritas por veinte escritores, escritoras y periodistas de la región, y de «Gente con swing II» con un artículo sobre jazz.

Dice que le sorprendió la organización que se armó alrededor de la última clase que brindó el jueves pasado sobre la figura del escritor español Federico García Lorca. Una clase que, como señalaron desde la facultad de Humanidades, constituyó un homenaje a la figura del gran poeta granadino, asesinado por la dictadura franquista en el mes de agosto de 1936 y la despedida de Tkaczek del ejercicio activo de la docencia en la facultad.

“Hablé con Lorena Pacheco que está a cargo de la cátedra de Literatura Española porque me gustaba despedirme de las aulas dando una clase. Me preguntó qué tema quería dar y yo le dije que siguiéramos el programa. Ahí surgió el tema de Federico García Lorca, poeta en la ciudad. De repente se sumaron a la convocatoria el Departamento de Alumnos y la Secretaría de Extensión de la Facultad de Humanidades quienes extendieron la invitación no solo a los estudiantes sino al público que quisiera asistir. Fue toda una sorpresa para mí y al mismo tiempo un enorme desafío. Pero, sin lugar a dudas, dar clases ha sido para mi una maravilla y lo disfruté muchísimo”, concluye.

“Un profesor con una inmensa calidad humana y académica”
«Los y las estudiantes que cursaron la materia en el transcurso de estos años pudieron percibir un gesto distinto en el profesor que tiene que ver con su gran formación en el área, pero también con su modo de transferir el conocimiento. Había algo que era diferente, un profesor que venía desde otro lugar, desde el lado del periodismo y la escritura. Creo que esa faceta permitió una vinculación distinta que apostó a la creatividad”, describió a Néstor Tkaczek, Lorena Pacheco, licenciada en Letras y especialista en Literatura Hispanoamericana del siglo XX y actualmente profesora de Literatura Española en la Facultad de Humanidades de la UNCo. Pacheco fue una de las organizadoras de la última clase que brindó el jueves este docente ante los estudiantes.

«Dar clases en los colegios y en la universidad ha sido para mi una maravilla y lo disfruté muchísimo», afirmó Néstor Tkaczek.

“En este momento tan crítico, en el que nos toca más que nunca la defensa de la educación pública, hemos querido rendir homenaje a su pasaje por la universidad”, señaló Pacheco.

Recordó que con Tkaczek trabajaron juntos por diez años aproximadamente. “Hicimos un gran equipo de trabajo junto a Gloria Siracusa. No sólo compartimos el aula sino que fueron muchos momentos de compartir proyectos, porque la cátedra de Literatura Española se caracterizó desde siempre por su vinculación con la comunidad en general, no sólo la académica”. Y señaló algunos de esos proyectos compartidos como un ciclo de cine y literatura española, un homenaje al poeta Miguel Hernández y diversas presentaciones de libros.

“Como Néstor, la facultad de Humanidades ha tenido, tiene y tendrá profesores de inmensa calidad académica y humana. Agradezco haber hecho camino al andar junto a Néstor durante tantos años. Y el camino sigue, aunque por otros rumbos”, concluyó.((LMN))

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