Un mundo con Alzheimer: 5 desafíos para los tratamientos del futuro

Después de la pandemia de gripe de 1918, la expectativa de vida de los seres humanos se duplicó los siguientes cien años. Se vive más y se cuenta con una enorme batería de vacunas, medicamentos y otras tecnologías que han ayudado a diagnosticar y a tratar mejor ciertas enfermedades. Pero hoy también hay más de 55 millones de personas que viven con demencias en todo el mundo y ya se ha pronosticado que ese tipo de trastorno mental afectará a 139 millones en el año 2050.

Hoy la humanidad se enfrenta a transitar un mundo con Alzheimer, la demencia más frecuente en personas mayores de 65 años. Miles de investigadores científicos están trabajando para comprender por qué se produce esa enfermedad. Otros se concentran en generar tests que puedan usarse antes de que aparezcan los síntomas.

También hay más de 130 ensayos clínicos para evaluar potenciales tratamientos o su combinación. Sin embargo, la carrera feroz por encontrar respuestas para una enfermedad que aún no tiene cura debería también tener en cuenta 5 desafíos que han señalado investigadores en bioética de la Universidad de la Sorbona y otras instituciones de Francia, el Conicet de la Argentina y la Universidad Wayne State de los Estados Unidos.

Un cerebro sano incluye decenas de miles de millones de neuronas, que son células especializadas que procesan y transmiten información. Envían mensajes entre las distintas partes del cerebro y del cerebro a los músculos y órganos del cuerpo. Cuando se desarrolla la enfermedad de Alzheimer, se interrumpe esa comunicación entre las neuronas. Puede conducir a la pérdida de funciones y a la muerte de esas células.

Entre los primeros signos de la enfermedad está la dificultad para recordar eventos o conversaciones recientes. A medida que avanza, los problemas de memoria empeoran y se desarrollan otros síntomas. En la actualidad, la búsqueda de las neurociencias y disciplinas relacionadas (tanto en instituciones públicas como en las empresas privadas) pasa por encontrar pistas que permitan detectar al trastorno antes y dar tratamiento.

Los investigadores en bioética, Timothy Daly, Ignacio Mastroleo y colegas, publicaron dos trabajos en las revistas especializadas Journal of Alzheimer’s disease y Theoretical Medicine and Bioethics. Advirtieron sobre estos 5 desafíos que se deberían considerar para que asegurar que las opciones de diagnóstico y tratamiento para Alzheimer realmente brinden beneficios por encima de los riesgos, se respete la autonomía de los pacientes, y para que no se generen falsas esperanzas:

1) Las causas del Alzheimer aún no están claras y son distintas a los factores de riesgo

En el cerebro de una persona con la enfermedad de Alzheimer se producen cambios moleculares y celulares. Y se están llevando a cabo investigaciones para determinar qué cambios pueden causar la enfermedad y a su vez cuáles pueden ser consecuencia de su avance. Una hipótesis es que las placas de proteínas beta-amiloide se acumulan entre las neuronas y afectarían su función.

También se consideran los ovillos neurofibrilares, que son acumulaciones anormales de una proteína llamada tau que se acumulan dentro de las neuronas. Esos ovillos bloquean el sistema de transporte de las neuronas, y se perjudicaría la comunicación entre ellas. Hay trabajos que sugieren que la inflamación crónica puede estar causada por la acumulación de células gliales que normalmente ayudan a mantener el cerebro libre de residuos. En la enfermedad de Alzheimer, ese tipo de células no eliminarían los residuos.

En diálogo con Infobae el filósofo de la medicina e investigador de la Universidad de la Sorbona, Timothy Daly, dijo que en la actualidad “hay dos aproximaciones diferentes en la investigación sobre Alzheimer. Dos grupos internacionales de investigadores buscan comprender las causas y se espera producir un gran impacto individual a partir de los conocimientos. Otro enfoque se centra en los factores de riesgo, que pueden tener un pequeño impacto para los individuos, pero un gran impacto para toda la población”.

El reporte de la Comisión de The Lancet sobre demencias había señalado que el primer factor de riesgo es la baja educación de las personas durante la infancia. Luego, se incluye a la pérdida auditiva, la hipertensión sin control, la obesidad durante la vida adulta, el consumo de tabaco, el sedentarismo, poca actividad social con otras personas, y tener diabetes sin tratamiento.


“Por el momento, no hay pruebas de intervención que sugieran que podemos convertir datos prometedores basados en la asociación entre algún factor, que sea una proteína en el cerebro, actividad física, uso de medicamentos y el pronóstico de la enfermedad, en un impacto terapéutico para los individuos. Al día de hoy, no existen tratamientos totalmente aprobados para la enfermedad de Alzheimer. Por lo cual, el deterioro cognitivo se sigue entendiendo como irreversible”, afirmó Daly.

Hay que tener en cuenta que la incidencia no es lo mismo que la prevalencia de la enfermedad”, aclaró el doctor Daly. “Por el envejecimiento de la población, está aumentando muy rápido el número de personas con demencias. Pero gracias a las medidas de salud pública generalizadas, como el control del tabaco, el desarrollo de medicamentos contra la hipertensión, más ejercicio físico -entre otras- la porción de personas con Alzheimer estaría disminuyendo, en Europa y los Estados Unidos”, agregó.

¿Qué se debería hacer entonces? “La sociedad hoy necesita que se hagan ensayos clínicos que demuestren la eficacia y la seguridad de potenciales intervenciones tanto para prevención o tratamiento de Alzheimer. Mientras tanto, se puede ganar terreno con la implementación de medidas de salud pública que promueven el cambio de vida y favorecen la prevención de la enfermedad”, contestó Daly.

3) Hay que demostrar el beneficio de cada tratamiento por separado


Los investigadores recuerdan que la combinación de terapias para la pandemia del VIH demostró ser útil porque se dirigen a blancos validados y se tienen en cuenta múltiples aspectos del mismo virus. Pero -escribieron- “no es el caso de la investigación de la demencia, ya que incluso el blanco más esperanzador (como las placas amiloides) puede no cumplir su promesa y la mayoría de los otros blancos son muy diversos y no son específicos de la enfermedad de Alzheimer. Al igual que las interacciones de los medicamentos en las personas mayores son una causa importante de preocupación, las interacciones entre los aspectos de la intervención del estilo de vida para construir y validar tratamientos clínicamente significativos deberían estudiarse más”.

El doctor Daly, que es nacido en el Reino Unido, argumentó: “El problema con las pruebas para Alzheimer es que aún no se ha traducido el éxito al nivel de la población en tratamiento individual. Además, hay ataduras interpretativas muy estrictas sobre los estudios de eficacia de un medicamento (como ocurrió con el fármaco hidroxicloroquina y el COVID-19), lo que nos empuja a defender la idea de hacer pruebas sencillas”.

Sobre la posibilidad de combinar diferentes intervenciones tanto para prevención como para tratamiento en el futuro, Daly consideró: “Probablemente se necesitará utilizar varias armas contra esta enfermedad, como por ejemplo, el ejercicio físico, la estimulación cognitiva, entre otras. Pero debería hacerse según una regla: no hay que combinar los tratamientos antes de validarlos individualmente. Al evaluarlos individualmente, se podrán saber si tienen beneficios y luego evaluar si sirven aún más en combinación. Deben respetarse estrictas normas éticas e interpretativas si se quiere encontrar una solución generalizable para esta enfermedad resistente al tratamiento”.

4- Hay ofertas de “tratamientos” que aún no tienen evidencia de eficacia


Como todavía no hay terapias curativas o preventivas -afirmaron los investigadores- algunos médicos se dedican a la llamada “práctica innovadora” para los pacientes con enfermedad de Alzheimer sin una sólida evidencia que la valide. Pero -aclararon- ese tipo de intervenciones están éticamente justificadas si responden a una necesidad médica grave o que pone en peligro la vida y cumplen con los principios éticos.

En algunos centros médicos del mundo se propone un protocolo de mejoramiento metabólico para la neurodegeneración, que incluye dieta, suplementos, estrés, sueño y marcadores metabólicos. “Argumentamos que los autores y las plataformas han exagerado las pruebas a favor de los protocolos de mejora metabólica para la enfermedad de Alzheimer. Para contextualizar, estos protocolos se basan en la medicina funcional, cuyos defensores afirman que abordan ´la causa raíz, en lugar de los síntomas´ con un tratamiento que ´se dirige a las manifestaciones específicas de la enfermedad en cada individuo´”, escribieron.

Con respecto al protocolo de mejoramiento metabólico, “le falta rigor en los informes por falta de comparaciones estadísticas y tampoco se ha demostrado su eficacia”, afirmó Daly. Además, “como combina decenas de elementos como suplementos o actividades, aunque el tratamiento funcionara en un paciente, no podemos saber que el protocolo tenga beneficios para otras personas”, comentó el investigador.

5- Los pacientes tienen derecho a saber si se tratan de intervenciones probadas o no

Los pacientes o sus representantes tienen derecho a dar un consentimiento informado tanto en ensayos clínicos como en casos de intervenciones no probadas (Foto: Tom Weller/dpa)
Los pacientes o sus representantes tienen derecho a dar un consentimiento informado tanto en ensayos clínicos como en casos de intervenciones no probadas (Foto: Tom Weller/dpa)
“El uso de intervenciones no probadas para Alzheimer fuera de ensayos clínicos u otro tipo de investigación cae bajo lo que se llama la ética de las prácticas médicas no suficientemente validadas. Esto significa que es un tipo de práctica médica no validada. El caso del protocolo de mejoramiento metabólico para Alzheimer es un ejemplo de ese tipo de práctica”, comentó a Infobae Ignacio Mastroleo, investigador del Conicet y del Programa de Bioética de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y coautor de los trabajos con Daly.

La Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial que establece pautas para la investigación con seres humanos, diferencia entre las intervenciones no probadas en la práctica médica y la actividad de investigación médica. “Es importante no confundir el tipo de actividades porque tienen fines y requisitos éticos distintos. El párrafo 37 incluye una serie de circunstancias y requisitos éticos que se deben dar para que sea éticamente aceptable el uso del mejoramiento metabólico u otra intervención no validada con el fin de mejorar el estado de salud de un paciente fuera de un protocolo de investigación. Entre otras cosas, se requiere un consentimiento informado del paciente o representante”, resaltó.

Si bien la Declaración de Helsinki no especifica el contenido del consentimiento, “los que impulsan intervenciones no probadas deberían aclarar a los pacientes, a sus familiares, amigos o a sus representantes que se trata de una intervención no probada -remarcó Mastroleo-, es decir, una intervención no suficientemente validada para su uso regular en el sistema de salud y que necesita de una validación posterior por medio de la investigación médica apropiada, entre otros requisitos”.

Consultado por Infobae, Ignacio Brusco, médico neurólogo y psiquiatra, investigador del Conicet y vicedecano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, comentó sobre los estudios de los investigadores en bioética: “Es interesante lo que afirman los autores porque hoy se difunden resultados de trabajos sobre potenciales tratamientos farmacológicos o sobre medidas como dietas que pueden generar demasiadas expectativas en pacientes y familias. Hay que tener en cuenta que los resultados son provisorios y no se puede jugar con la desesperación”. (Infobae)

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