FELIZ DÍA DEL CICLISTA ARGENTINO POR LA LEY DEL DEPORTE

Cuenta la historia oficial, que un bebe llamado Cosme Saavedra nació un 1 de octubre de 1901 en Godoy Cruz, provincia de Mendoza, que el era el mayor de diez hermanos. Como no podía ser de muchas otras maneras, desde chiquito ya arrancó a trabajar en una bodega de la zona. Iba en bicicleta, laburaba de sol a sol, y volvía pedaleando. Soñando con ser boxeador.

Una tarde de 1922 se enteró por algún «informante» que había una carrera en San Rafael y arrancó para allá. No ganó, pero jamás se bajó de la nave.  Salvo cuando un terrible accidente de transito lo tuvo afuera del circuito, sin embargo, en cuando pudo retomar, volvió al ruedo…

Cosme Saavedra fue Campeón del Río de la Plata y nuestro representante olímpico en París 1924. Sobre el final de esa década ganó cinco veces la Rosario-Santa Fe (160 km). Los pasaba por arriba a todos. Como en una moto.

Fue campeón argentino de velocidad en los años 1926, 1931 y 1933. Después nos representó también en los juegos de Ámsterdam 1928, y en el Mundial de Budapest, donde finalizó sexto. Fue un monstruo en la bicicleta. El primer gran héroe nacional. Había que pisar la nave a todo lo que da en rutas de tierra y ripio. Y sin el actual equipamiento deportivo. Eran unos «jugados» de la vida.

Su hermano menor, Remigio Saavedra, nació el 1 de octubre de 1911, y fue el quinto de los diez hermanos que tuvo la mamá. Devoto de su hermano mayor «El Cosme». Era su referente, su ídolo, y siempre supo que iba a seguir sus pasos, al menos «darle el intento».

Remigio comenzó a correr a los 14 años, y al año siguiente descollaba en todos lados, ya era «Recordman» sudamericano. Había aprendido a pedalear antes que a caminar.

Remigio ganó casi todo: la Doble Cañuelas, la Buenos Aires-Mar del Plata, la Doble Chivilcoy, la Buenos Aires-Rosario y es ganador de la Rosario-Santa Fe. Una bestia no lo podían aguantar. Ganó más de 300 carreras, 100 en rutas y 200 en pistas.

Remigio fue ídolo de multitudes en los años 30. Uno de los ídolos populares de esa década. Sonrisa taquillera, afectuosa, tipo entrador. Había que pedalear, ganar, y también gustar. El 13 de noviembre de 1943 demostró que era posible unir pedaleando, sin parar ni para echarse uno, la ciudad de Mendoza con la de Buenos Aires. Saltó al estrellato, a los cielos de la gloria… Como un loco lindo y de espíritu inquebrantable.

Un 5 de diciembre de 1981, con 70 pirulos de edad y 38 años más tarde de aquella «locura», repitió la epopeya en 19 horas sin parar. Transpirando como «chorizo en la aguantera». Su «estrella» seguía tan prendida y brillante como siempre. Se burló de su reloj biológico, de los de arena, y hasta de los modernos Garmin. Los «detono».

En homenaje a Remigio Saavedra y a esa demostración de determinación, vigencia y amor por el deporte, el 5 de diciembre fue declarado el Día del Ciclista Argentino. A todos y cada uno de ellos, a los buenos, los muy buenos, y a los que aún usan «rueditas»… ¡Un muy pero muy feliz día! Que lo disfruten y mucho. Pedaleando, en el sol o en la noche, en el calor o en el frio, en el llano o en la montaña, con amigos o en soledad. No obstante disfrutando y mucho su día. Sintiendo el viento, el silencio, la tensión muscular, el ingreso de aire, la bici, y los lindos paisajes. Nos vemos en las pistas…

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