El gobierno estudia instalar una bodega en Casa de Piedra

El gobierno provincial analiza la posibilidad de construir en Casa de Piedra una base para una bodega que tenga capacidad para procesar 500.000 kilos anuales de uva. Será una inversión que permitirá vinificar en la zona la producción ya existente y también atraer nuevas inversiones en el rubro vitivinícola. Por volumen de producción, consumo de agua y velocidad de crecimiento de la planta, la ribera pampeana del río Colorado es una de las más atractivas para inversiones en esta producción.
En la actualidad la zona bajo riego que administra el Ente Provincial del Río Colorado (EPRC) cuenta con unas 8.000 hectáreas en producción efectiva, superficie que sube a 14.000 si se tiene en cuenta todas aquellas áreas no afectadas a la cuestión productiva, como es el caso de caminos y áreas de servicios.
Así lo reveló el presidente del Ente Provincial del Río Colorado (EPRC), Enrique Schmidt, en la entrevista que mantuvo con el programa La Parte y el Todo, de CPEtv, que se emitirá hoy por la noche.
En la extensa superficie que administra el Ente del Río Colorado, uno de los sectores que más interés presenta es la zona de la villa turística de Casa de Piedra, donde la provincia ha construido un sistema de riego que contempla impulsión, goteo y filtrado y que es «único en el país», aseguró Schmidt.
Producto de ello es que una vid tarda entre 2 y 3 años en tener su primera producción, algo que no ocurre en otras zonas vitivinícolas del país. «En la vid el período entre que se siembra y se cosecha se llama ‘barbecho’ y en otros lugares es de 4 a 5 años», contrastó.
«En La Pampa, merced a ese sistema de riego, estamos primero con la velocidad en entrada en producción de la parcela», reveló el presidente.
Otro punto a favor de cultivar uva en La Pampa es la eficiencia de la producción, que requiere menos agua que en los sectores más tradicionales. «El vino pampeano va a pelear la huella hídrica en el mundo», aseguró el presidente del EPRC.
El agua que se usa para riego se cobra al productor, pero con valores diferenciales. «En los primeros dos años cobramos una cuota mínima, y cuando la parcela entra en producción, estamos haciendo un cálculo para establecer un valor acorde», detalló. Es una idea «que los productores están totalmente de acuerdo», aseguró, destacando la armonía con la que el gobierno trabaja con los empresarios privados.
Un tercer punto a favor de la zona pampeana -siempre en el rubro vitivinícola- es el volumen de producción, que asciende a 10.000 kilos de uva por hectárea, un valor muy superior al que tienen zonas similares. «Una zona de altura, que daría vinos que competirían con los de Casa de Piedra, está en los 7.000 kilos por hectárea», aseguró.

Bodega.
La idea de instalar una bodega en Casa de Piedra en 25 de Mayo sigue tan firme como el año pasado, cuando se empezó a hablar de esa posibilidad. En la actualidad hay dos alternativas en danza. Una es que los privados encaren el proyecto en conjunto, y la otra, que sea el Estado el que tome la iniciativa, una decisión que aceleraría los tiempos y sumaría atractivo a la zona.
«Tenemos que encontrar la figura para que la provincia sea el impulsor y luego las bodegas se vayan sumando», reflexionó Schmidt en relación a esta segundo opción, que es la que más posibilidades tiene por cuanto la inversión en una planta de vinificación es algo que hoy por hoy está fuera del alcance de muchas bodegas. Poner en producción una hectárea de vid bajo riego insume unos 12.000 dólares hasta que entra en producción. Por pequeño que sea el viñedo, la inversión a realizar es importante y por ello los privados ponen reparos a la primera alternativa.
La idea del gobierno pampeano «es hacer una base para una bodega que procesaría 500.000 kilos, que nos costaría 1 millón de dólares», reveló.
En este momento, solo la producción de Casa de Piedra asciende a 300.000 kilos anuales pero el presidente estimó que en poco se llegará a esos 500.000 kilos, y en unos años se alcanzarán los 800.000 kilos. «Y después al millón», se entusiasmó el funcionario.
«Por eso el proyecto lo tendría que hacer la provincia con una participación de los privados», reiteró. Contar con un lugar donde vinificar la uva sería «una gran atracción para nuevas bodegas», que ya le han hecho saber de su interés al gobierno provincial. Hay dos nombres que ya se han conocido y que siguen presentes: Peñaflor y Trivento.

Inversiones.
La zona bajo riego pampeana tenía un sostenido ritmo de crecimiento hasta que este año la pandemia de coronavirus produjo un cambio de ritmo. Schmidt confió que en una vez superada la epidemia, el área recuperará ese ritmo y en poco tiempo el número de hectáreas en producción se multiplicará.
«Por lo que yo estoy viendo, una vez que empecemos con las inversiones, en cuatro años vamos a tener un horizonte de 1.000 hectáreas», confió.
Con la producción de cebollas y de zanahoria pasó algo parecido: no había mano de obra suficiente para atender tanta demanda y ante la posibilidad de traer trabajadores de afuera pero en condiciones no dignas, se prefirió no hacerlo.
«Hubiéramos caído en la situación que teníamos en Mendoza. Hablamos con el (ex) gobernador (Carlos Verna), con el intendente y con la misma empresa, y se prefirió ir a la alfalfa», definió.

Condiciones laborales
Otro aspecto al que las empresas prestan especial atención a la hora de definir nuevas inversiones es la infraestructura para sus trabajadores y las condiciones laborales de la producción ya que algunos mercados, los más selectivos, ponen esas variables en el menú de decisiones de compra.
Según afirmó Schmidt, «hay un fuerte cuestionamiento desde Europa hacia las áreas productivas de Mendoza por las condiciones sociales en que viven», al punto que para algunos extranjeros el estilo de vida de quienes trabajan en un viñedo es cercano a la esclavitud.
«Así me lo han comentado. Yo tengo mucha relación con el extranjero, y esto lo ven y lo consideran una condición social no humana. Yo tengo contacto con mucha gente de las universidades, y trabajé con los centros de investigación del mundo».
De hecho, según recordó, en algún momento se debatió «de que cuando se ponía un producto en la góndola, había que poner cuánto se le pagaba al obrero»,
«Ellos a la condición social la tienen muy en cuenta», subrayó. «Estamos hablando de la etiqueta del vino y no solo del vino. Es una decisión muy interesante, porque cuando tomo la decisión, decido si compro en este mercado o si compro a este valor o a aquel valor».(arena)

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